Eurovisión obsoleto
“…La música no se puede convertir en una competición, es música y punto.” Esta es una de las frases que más me ha repetido mi amigo DJ Membrana. Y no le falta ni un ápice de razón en el fondo. Aunque desde que la música existe siempre ha habido una u otra forma de competencia. La hubo entre Mozart y Salieri, y así sucesivamente hasta llegar al punto de querer hacer que The Beatles y Rolling Stones fueran rivales sin tener motivos reales para serlo. La cuestión es que siempre hay un componente;querer conseguir un status mayor del que se tiene. Ya sea para enriquecerse o para lograr difundir a mayor y mejor nivel la carrera del artista. En esos términos nos venimos moviendo de manera desigual y con objetivos muy diferentes. Eurovisión nació como una plataforma para lanzar las carreras de sus concursantes en un tiempo donde costaba mucho llegar al gran público y difundir la música, y más en algunos países europeos donde seguían conviviendo con una posguerra demasiado reciente. Y efectivamente se llegaron a conocer varios
artistas como Cliff Richard, ABBA, y más recientemente Celine Dion -aunque ésta última tuvo que emigrar a Canadá para estar más cerca del cotarro USA-. Pero desde hace unos años y sobre todo con Internet prácticamente en todos los lugares, hay artistas que llegan mucho más lejos que los de Eurovisión y con menos medios para hacerlo. Entonces, ¿de qué sirve hoy en día Eurovisión? Sinceramente creo que para no mucho. Bueno sí, para las compañías telefónicas, las cadenas de televisión (TVE lo tiene mal ahora sin anuncios) y las discográficas, aunque creo que en este caso son el convidado de piedra.
Otros concursos y festivales sí que ofrecen una posibilidad de lanzar esas carreras sin la necesidad de acudir al patriotismo de cada país o de lo bien que te lleves con tus vecinos europeos. Por lo que creo que sinceramente semejante gasto y movida para una cosa que no conduce a nada. ¿Alguien recuerda qué fue de las rusas Tatu? Y ¿de Dana International? Ya ni siquiera planteo el presente de los participantes nuestros. Ni desconocidos, ni consagrados, ni siquiera con Chikilicuatre. Si sólo un tercio de lo que se invierte en organizar Eurovisión se dedicara a promover salas de conciertos, programas televisivos de música en directo a horas decentes y ayudar a artistas noveles a buscar su sitio en el mercado, quizá por fín tendría sentido estar en Europa por algo común. Pero eso no va a pasar, seguro,.
Héctor Reina, miembro de ComalcOOL.
